La idea de muchos viajeros cuando deciden darse una vuelta por Chapala es pasear por el malecón y tomarse una foto bajo el famoso arco de “Chapala Rinconcito de amor”. ¡Y ya! Sin embargo, hay mucho por hacer en este tradicional destino.

Ir a Chapala puede convertirse en una aventura si estamos dispuestos a hacer cosas diferentes y salirnos un poco de lo usual. Los dos pretextos más usuales para no tomarse un respiro de nuestro tradicional ajetreo citadino es que no hay el tiempo y no hay dinero dinero. Afortunadamente el lago está cerca, y no es caro disfrutar un día por allá.

Chapala se encuentra a una hora —o un poco menos— de la Zona Metropolitana de Guadalajara, y la parte más tediosa del viaje es precisamente escapar de nuestra ciudad. Una vez logrado lo anterior, recorrer la carretera será una suave delicia.

Tampoco debe ser pretexto el tener un presupuesto está limitado, o la cartera está más agotada que triatleta en el último tramo de la competencia. Vamos, no se necesita ni siquiera un automóvil para llegar. Desde la vieja Central camionera salen camiones cada media hora rumbo a ese destino. ¿El precio? 50 pesos el pasaje, y 50 centavos por entrar a la central. ¿Nos vamos?

 

¡Qué calor!

Mientras que en Guadalajara sentimos un calor abrasador, propio de una urbe donde el suelo en general es una plancha de concreto, en Chapala toca enfrentar un calor húmedo, que puede ser más intenso pero a la vez menos molesto. Lo más recomendable es asistir con ropa ligera y de colores claros, al igual que calzado cómodo y bloqueador para evitar quedar como camarón frito.

Para comenzar, vale la pena darse una vuelta por la calle Francisco I. Madero, que es la principal arteria de la ciudad. Los locales de artesanías, gastronomía, ropa y servicios reciben a los visitantes entre el bullicio de la ciudad, que por lo regular y en estas fechas previas a la semana santa, se encuentra tranquila.

Una de las primeras tentaciones que se encuentran los viajeros al llegar son las nieves de garrafa. ¡Y cómo no! Con los tradicionales sabores y el calor que hace, se convierten en verdaderos oasis con llantitas. Pero los que prefieren un sabor más tradicional, pueden buscar nieves “de maquinita”, que también abundan en la calle Madero por 10 pesos. Antes de comprarla, es buena idea encontrar algún lugar con sombra, para poder degustarla a gusto.

 

¡Qué hambre!

Justo donde termina la calle Madero se encuentra el restaurante-bar Beer Garden. Es uno de los lugares más tradicionales de Chapala, con un historia que ya anda cerca de los 100 años, llena de momentos gloriosos y otros bastante complicados.

En la actualidad, Beer Garden se encuentra en pleno renacimiento. Enclavado justo frente al malecón y con la estatua de Mike Laure Jr. Como guardián, es uno de los espacios más concurridos por los visitantes para saciar el apetito.

Y con ver la carta uno se imagina la razón. La especialidad está en los mariscos, pero si tiene oportunidad, pruebe la maravillosa hamburguesa que aquí le venden. La panela que le ponen es suprema y le da un sabor muy especial.

El nombre del lugar delata una de sus fortalezas: La cerveza. Con este clima, vale la pena probarlas o uno de sus preparados que también son deliciosos. Eso sí, el ambiente familiar se impone siempre, y cuenta además con una zona de juegos para niños. ¿Cómo decirle que no?

 

Ahora sí, al malecón

Es cierto que el Lago de Chapala ha visto mejores años. En la actual temporada de estiaje, el vaso lacustre ya ha perdido 37 centímetros, y nada indica que se vaya a quedar allí hasta que comience a llover. Pese a lo anterior, el lago ofrece una buena vista desde el muelle donde se embarcan los tradicionales paseos en lancha.

Donde no luce descuido alguno es en su hermoso malecón, con las palmeras saludando con un suave bamboleo a los visitantes, además de los infaltables puestos de mercancía para alegrar la vista de los paseantes.

 

Para rematar el paseo, ¿qué tal un platito de charales? Ir a Chapala y no probarlos es como venir a Guadalajara y no degustar una torta ahogada. El viaje de ida y vuelta para olvidarse del estrés, comer bien y divertirse un rato, puede llegar a costar menos de $300 pesos.